jueves, 20 de abril de 2017

Visitando Tsukuba

Hay un sitio en Tsukuba, en la prefectura de Ibaraki -en la región de Kanto, al igual que Tokio y Saitama, pero a tomar por saco de donde vivo- llamado Tsukuba Wanwan Land, que es un sitio donde puedes pasar el día con perros, jugar con ellos y tal -como una cafetería de perros pero más grande y al aire libre, vamos-. Kazuki descubrió este sitio hace unos meses investigando por internet sitios para pasar el día con perrines, pero como era invierno y el sitio es al aire libre decidimos esperar a que empezara la primavera.

Pues por fin llegó la primavera, así que un día que teníamos los dos libre fuimos a Tusukuba.
Una vez llegas a la estación del mismo nombre, hay que coger un autobús que te deja en la zona pueblerina montañosa profunda de esta población. Una vez llegamos a la última parada nos bajamos del autobús y andamos unos 10 minutillos a nuestro destino.

La parada de autobús.

El camino, con sus cerezos completamente en flor y sus montañas y tal, era bastante bonito.



Preguntemos el camino a Google maps.




¡Hemos llegado! Esta es la entrada al aparcamiento de Tsukuba Wanwan Land:

Qué majetes los perritos.

El sitio y los perretes, en la próxima entrada.

domingo, 16 de abril de 2017

Carril bici

Como paso la mayor parte del tiempo entre Saitama y Tokio -y a veces en Kanagawa por curro-, no se cómo va el tema en otras partes de Japón, pero si puedo decir que aquí a pesar de la tremenda cantidad de bicicletas que hay por habitante, hay muy pocos carriles bici.
Cuando los hay la gente los suele respetar más bien poco, con lo que la mayoría de las veces hay algún coche aparcado en todo el medio del carril o gente andando -por todo el medio también-. 

Ahora que por fin hace buen tiempo -hemos pasado de abrigo de invierno a manga corta en medio mes-, y siguiendo en el tema de las bicicletas, fui a dar una vueltecilla sobre dos ruedas, y por primera vez en mucho tiempo me encontré el carril bici sin ningún obstáculo. ¿Será por la influencia del buen clima?

En bici por Warabi.



viernes, 14 de abril de 2017

Yayoi Kusama : My Eternal Soul

Recientemente estuve por primera vez en el Centro Nacional de Arte de Tokio, en Roppongi. Desde febrero hasta mayo hay una exposición de la artista Yayoi Kusama, y entré a verla.
Aunque a mí me invitaron, la entrada para la parte de pago es 1600 yenes para adultos no estudiantes, por si sentís curiosidad -para estudiantes es más barato, y gratis para estudiantes de chuugakkou, el equivalente a la ESO en España-.
Además de eso hay una zona que se puede ver sin pagar, así que empecemos por ahí.

Calabaza.

Ascension of Polkadots on the Trees 2017.

Vayamos adentro. Aunque hay bastantes salas en la exposición, solo se permitía hacer fotos en una, siempre y cuando se hagan con un teléfono móvil. Las cámaras de fotos estaban prohibidas.

No recuerdo el nombre de la obra.


Una vez que recorres todas las salas y la tienda de regalos -que está antes de la salida-, hay una última zona a la que se puede acceder enseñando el ticket de la exposición. Fue la parte más divertida, ya que te dan unas pegatinas de lunares, y tienes que pegarlas en cualquier parte que quieras de la habitación. No se permite quedártelas, hay que usarlas -o como me dijo la señorita de la entrada "no kiipu", que es "no keep" en japanglish-.

¿Dónde pego la que me queda?

Con mis 163 cm de altura no llegaba arriba. Se ve que no fui la única.


La verdad es  que la exposición fue bastante interesante.

martes, 11 de abril de 2017

Yuri on ice en Animate Cafe

Animate cafe es una cafetería de la tienda Animate -especializada en manga y anime-. Tiene varias sucursales en Tokio, y suelen hacer un menú temático con la serie popular del momento, que va cambiando.
Vi un día pasando por el de Shinjuku que estaban haciendo un especial de Yuri on ice. Quería ir, pero desgraciadamente va con reserva y ya no aceptaban. Afortunadamente, uno de los Animate cafe de Ikebukuro -el número 2- también estaba haciendo especial del mismo tema. Probé a intentar reservar allí -va por sorteo. Eliges cuándo quieres y si tienes suerte te aceptan la reserva- y hubo suerte.

Fui con Inés, que también es fan de Yuri on ice.

Es en la 4ª planta de este edificio.

Al llegar hay que hacer cola para entrar, y una vez que entramos tenemos un límite de 1 hora y media para estar allí -es muy popular-. Hay que enseñar algún carnet de identidad para que se aseguren de que realmente es tu reserva.
Una vez superado el siempre traumático momento de tener que decir mi nombre y apellidos -por muuuy despacio y ajaponesado que lo diga nunca lo pillan-, nos acompañaron a nuestra mesa.

 Cada mesa tenía personajes diferentes. Me tocó el rey de los selfies.

Echemos un vistazo al menú.



Según lo que pidieras te traían de regalo un posavasos o un marcapáginas. Los posavasos los elegían al azar y te los traían bocabajo para que fuera una sorpresa. Los marcapáginas también los elegían al azar, y te los traían en un sobre cerrado.

Para beber lo primero que pedí fue la bebida de Yurio. No es que sea muy fan de ese personaje, pero la bebida tiene orejitas... OREJITAS.

Es una bebida monísima. Sabe parecido a las gominolas de Coca cola.

Hubo suerte y mi primer posavasos, que podéis ver al lado de la bebida, fue el secreto que no mostraban en el menú.

Por algún extraño motivo nos trajeron el postre antes que la comida. Pedí el annin doufu con el mochi con forma de panda.

Además de ser todo tan mono, está bueno. El panda está relleno de anko.

Tras el postre vino la comida. Pedí lo más friki del menú, el katsudon.

La pinta no era muy allá.

Desgraciadamente la pinta no engañaba. Es el katsudon más triste que he comido hasta ahora. La carne estaba muy seca y todo sabía a microondas. El arroz estaba especialmente malo, así que no me lo acabé...

Para quitar el mal sabor de boca, pidamos algo más de beber. Esta vez pedí la bebida de JJ, porque lleva nata y una galleta, y como postre final pintaba bien.


Además de comida y bebida, también se podía comprar merchandise. Había un límite de 10 llaveros y 10 chapas por persona, y te daban un ticket que te sellaban con cada llavero y chapa que comprabas para asegurarse de que la gente realmente lo cumplía.


Por cierto, este es el aspecto que tenía la cafetería por dentro.

Clientela 100% femenina.

Fue una experiencia divertida. Estos son los posavasos y marcapáginas que me tocaron.


domingo, 9 de abril de 2017

Viaje a Krabi III

Llegamos a la última entrega del viaje a Krabi.

Una de las cosas famosas de este lugar son sus zonas de escalada. Muchos aficionados a este deporte vienen para escalar en roca. Yo, aunque solo había hecho escalada indoor, tenía ya ganas de probar a subirme a una pared de roca de verdad, así que había que aprovechar.

Como ni Kazuki ni yo habíamos escalado nunca con cuerda y varias escuelas de escalada allí ofrecen tours para enseñar a principiantes, decidimos probar uno. Te recogen en el hotel, te alquilan todo el equipamiento necesario, y te llevan hasta Railay -en furgoneta primero y luego en barco- para "enseñarte" lo básico  -nuestra experiencia fue más un "te ato la cuerda y ahí tienes la roca. Hala, escala"- y dejarte escalar unas cuantas horas.

Este es el sitio.

Mi primer intento (finalizado con éxito).

De camino allí se puso a llover bastante, y temimos que nos fuéramos a tener que volver sin haber hecho nada, pero afortunadamente al llegar pasó a chispear nada más y luego ya dejó de llover del todo.

Kazuki arriba dándolo todo.

Servidora de camino al mismo sitio que Kazuki.

Cuando nos abandonó la fuerza muscular nos quitamos los arneses y fuimos a dar una vuelta por Railay. Por si sentís curiosidad, hay un baño cercano -detalle importante-, pero es de pago.




Fue una experiencia divertida -y acojonante. Es mucha más altura de la que estoy acostumbrada-, pero me hubiera gustado más si realmente el "curso" hubiera tenido alguna explicación, o si los instructores no fumaran tantísimo en medio de todo el mundo.

sábado, 8 de abril de 2017

Viaje a Krabi II

Tras el inciso para hablar del hanami, como todos los años, volvemos con el viaje a Krabi.
Algo muy típico para hacer allí es el llamado "island hopping". Esto consiste en montarse en un barco y visitar varias de las islas cercanas a lo largo de la mañana.
Hay varios tipos de tours para hacer esto, ya que hay bastantes islas para elegir. Recomiendo no contratarlo en hoteles, porque cobran bastante más que los puestos que hay en la calle -que hay muchos para elegir, además-.

Nosotros elegimos el llamado "tour Hong Islands". No es el más popular de todos, pero precisamente porque queríamos hacer snorkeling, era mejor elegir uno que no fuera el que se iba a llenar más de gente.

La primera parada fue Hong Lagoon.

Íbamos en un barco parecido a ese.

Realmente no se le puede llamar parada, porque no había ningún sitio para poder bajarse y básicamente pasamos por ahí despacio para poder hacer fotos.

La siguiente parada -esta sí que cuenta- es Lading island. Agua templada, tranquila y transparente y muchos peces que nadaban a tu lado. Paramos un rato para bañarnos, hacer snorkeling, o tomar el sol quien quiera.

No teníamos funda para meter la cámara debajo del agua, así que desde fuera.


La tercera parada es Pakbia island. Cuidado con los monos salvajes, que se acercan a la playa por el tema de que hay bastante gente desprevenida y son muy amigos de lo ajeno.



En la última parada, Hong beach, hay que pagar para entrar -poderoso caballero es don Dinero-.

Es más caro para extranjeros que para tailandeses, por cierto.

Muy bonito y genial para hacer snorkeling y bañarse, pero la visita al cuarto de baño público que hay allí fue bastante traumática.
Había 4 opciones en el baño de mujeres:

1. Puerta que no cierra.
2. La puerta cierra, pero hay mierda en la taza y no hay modo alguno de tirar de la cadena -no hay cadena, vamos-.
3. Como 2 pero la mierda llegaba hasta el borde de la taza. No me lo invento.
4. Alguien había tenido un accidente de sangre de regla y tampoco había cadena, pero era el menos malo...

Pongo otra foto bonita para olvidar el trauma.


Quitando lo del baño y que el barco se averió a la vuelta y tardamos bastante más en volver de la cuenta, la experiencia estuvo muy bien.

viernes, 7 de abril de 2017

Por fin llega el hanami

Este año el invierno ha sido especialmente largo. Tanto que cuando normalmente deberían haber florecido los cerezos seguíamos por aquí llevando abrigo de mucho frío. Afortunadamente, por fin ha decidido empezar a hacer calorcito -ya era hora-, y aunque tarde, por fin han florecido los cerezos y hemos podido hacer hanami.

Lo primero de todo es decidir qué vamos a comer, claro. Echaba de menos los saladitos, y se me ocurrió intentar prepararlos. Este es el resultado de mi primer intento de saladitos de salchicha y queso.

El aspecto no es perfecto, pero estaban muy buenos.

Por si alguien que esté en Japón quiere probar a prepararlos, venden masa de hojaldre congelada en cualquier supermercado -o al menos en todos los que he visitado hasta ahora-, lo que los hace muy fáciles de hacer.

Además hice ensalada de patata. Kazuki hizo karaage -pollo frito rebozado-, y además compramos bolsas de patatas fritas y nos llevamos unos cubatillas de estos que venden ya preparados en mi súper bolsa térmica del todo a 100.

Usaríamos cajas de bento, pero los tupper son más útiles.

Fuimos a Nishi kouen, en Kawaguchi. Aunque los cerezos no habían florecido todavía al 100%, habían florecido bastante.




martes, 4 de abril de 2017

Viaje a Krabi I

¡Cuánto tiempo! La verdad es que he estado unos días de vacaciones -y ocupada a la vuelta-, así que no he podido acercarme mucho por el blog. Hoy por fín tengo un ratillo y he decidido hablar un poco de a dónde nos fuimos Kazuki y yo de vacaciones.

Se trata de la provincia de Krabi, en el sur de Tailandia. Más concretamente en un pueblo llamado Ao Nang.
Nosotros habíamos estado en la capital, Bangkok, pero esta vez tocaba buscar un sitio cálido con playa para olvidarnos del invierno que tantísimo se está alargando en Japón.
En la cercanía hay multitud de pequeñas islas, así que estuvimos en bastantes playas a las que se puede acceder tanto a pie como en barcos que ejercen de taxis -bueno, más bien de autobuses acuáticos-.

Estas son algunas de las playas que visitamos. Empecemos por Nopparat Thara beach:

Los barcos de los que hablaba.

Al agua, patos.


Yendo en dirección sur tenemos Ao Nang beach.


Desde un barco camino a West Railay.

Y ya que vamos de camino, este es el aspecto de West Railay beach. Por cierto, para montar en los barcos hay que tener cierta habilidad atlética, aviso.


Cuando llegamos había bajado la marea, y descubrimos que la playa está llena de pepinos de mar bastant grandotes. Si nunca habéis visto un pepino de mar, es esto.


Con la marea baja se puede andar mojándose solo los tobillos hasta bastante lejos -teniendo cuidado de no pisar peninos de mar-.


Próximamente, más.