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martes, 9 de abril de 2019

Hanami 2019

Aunque este año no he hecho hanami propiamente dicho, sí que he visto y paseado entre los cerezos en flor en multitud de ocasiones. Hoy toca enseñar lo bonitas que vuelven a estar las flores por estas fechas aunque duren poco.

Empecemos por el parque Yoyogi. No solo estaba lleno de cerezos en flor, sino también de gente a pesar de ser entre semana a mediodía.



Sigamos con un pueblo perdido en Chiba llamado Noda. La foto la hice de lejos, pero vamos, que todos los árboles que se ven son cerezos.


A continuación Nishi-kouen, el parque de al lado de la estación de Kawaguchi.


¿Qué más, qué más? Seguimos con el cementerio Yanaka, un cementerio enorme cerca de la estación de Nippori. Había un Teru teru bouzu para que hiciera buen tiempo, y se ve que funcionó.




Para acabar, el cerezo llorón del templo Tennoji, también en Nippori.


martes, 27 de noviembre de 2018

Chiba-Cola

A mediados de este mes Kazuki y yo estuvimos en Inzai, un pueblo de Chiba en el que hay más bien poca cosa, pero donde está Moff animal world, donde podemos pasar tiempo con animales adorables varios.

Esta cacatúa ninfa siempre intenta arrancarme un dedo, pero esta vez le pillé buen día.

Cuando ya nos volvíamos a casa, coincidió con el atardecer. 


Como por la línea que pasa por allí los trenes tienen más bien poca frecuencia, fuimos a pillar algo a una de las máquinas de bebida para amenizar la espera. En una de ellas apareció esto.

¡La Chiba-Cola!

No voy mucho a Chiba, así que no sabía que han sacado una edición limitada de Coca-Cola con diseño de la prefectura. Hasta la anuncia la mascota de Chiba, de originalísimo nombre Chiiba kun.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Tarzania

El fin de semana pasado la señorita Madness y yo decidimos irnos de aventura a Tarzania -no me pagan ni nada, pero pongo un enlace por si a alguien le interesa ir-.
Aunque el nombre ya da pistas, se trata de un lugar en medio del bosque en Chiba donde puedes jugar a ser Tarzán por un día. Para ello puedes escalar a los árboles, y tienen tirolinas, puentes cogantes, y demás cosas para divertirte desde las alturas.
El sitio probablemente sea más accesible para personas con coche, pero como ninguna de las dos tenemos coche ni carnet de conducir válido en Japón, fuimos en transporte público. Para ello fuimos en tren hasta la estación de Honda, y desde allí cogimos uno de los autobuses gratuitos que ponen hasta el sitio -bueno, hay que andar un rato desde la parada, pero el camino está bien señalizado-.

Este es el autobús al que hay que subirse.

Una vez te bajas del autobús, hay que entrar en un edificio llamado JMTC -te piden que llegues al menos 30 minutos antes de la hora de tu reserva- para que te den explicaciones básicas de normas de utilización de las instalaciones y de cómo llegar a Tarzania.

¡Hemos llegado!

En una caseta que ellos llaman "chalet" -cualquier parecido con un chalet es pura coincidencia- te dan unos formularios para rellenar con tus datos, pagas, y cuando quedan unos 10 minutos para tu turno te ponen un arnés y dan una explicación de cómo usar los mosquetones de seguridad, y te dejan ponerlo en práctica en el recorrido de prueba.
En nuestro caso elegimos el "adventure course". Bueno, mejor que explicarlo es enseñarlo.

Uno de los sitios a los que hay que trepar tras lanzarte con una cuerda contra la red.

Vamos arriba.

Una cosa en la que insisten en las normas cuando haces la reserva es en que lleves ropa que no te importe que se ensucie, y que lleves calzado apropiado -nada de sandalias o crocs, por ejemplo-. Tras una o dos tirolinas ves la importancia de esto.

Hay que subir muy alto. Yo encantadísima.

Uno de los múltiples "puentes" colgantes.


Toda aventura debe llegar a su fin. Aquí nos tenéis al final de la nuestra.


viernes, 3 de febrero de 2017

Reencuentro con Tai chan

En noviembre hablé de nuestra visita a Moff animal world, el espacio para interactuar con animalitos adorables en un centro comercial fantasma ahí a tomar por saco, cerca de Narita.
El único modo de llegar implica coger una línea de tren con un precio bastante caro -o tener coche-, así que aunque el sitio nos encantó no es que podamos ir todas las semanas, lamentablemente.

Hace poco volvimos. Ya mencioné en su momento a Tai chan, la cacatúa blanca. Es tan entrañable que nos moríamos de ganas de volver a verla -o verlo, no se sabe su sexo. Voy a usar el femenino porque es una cacatúa-.

 Tai chan en todo su esplendor.

Al principio parece que tenía sueño y no nos hacía mucho caso, así que le dejamos estar mientras saludábamos a los otros animalitos.
En otro intento posterior logré que se me subiera al brazo -estaba parlanchina y todo-, y en cuanto me puse a acariciarla y cogió la posturita se me durmió encima.

Me hace dudar si no es un perro con plumas en vez de una cacatúa.

Aunque sea tremendamente adorable y me la quiera llevar a casa, tras una media hora o así de no querer separarse de mi brazo me empezó a doler por la postura, y hubo que conseguir que se volviera a subir a la barra donde suele estar normalmente. No había forma, así que intentamos algo más fácil, que se subiera a Kazuki, que es un imán para los animales. Eso sí que coló.

Tras visitar al resto de pajaritos, los reptiles y las alpacas, nos dimos cuenta de que había una zona en la que no nos habíamos fijado antes. Resulta que hay una "casa de pájaros" al fondo del todo. Es posible que la hayan hecho recientemente, porque ninguno de los dos recordábamos algo así.

 Esta es la entrada.

Entrar son 200 yenes sin límite de tiempo y te dan comida para darles, así que entramos.
Te dan esta pulserita tan mona para entrar.


Al entrar los pájaros se ve que ya saben que la gente entra con comida, porque se te tiran todos encima y acabas así.

Yo mientras intentando hacer fotos con otros tantos encima.

 Este es el aspecto que tiene la casa de pájaros por dentro.

Sí, también hay una gallina -en realidad dos-.

Están todos sueltos, y van volando de un lado para otro, se posan en la estructura de madera que hay ahí o se te posan encima. Si te gustan los pájaros es genial, pero para una persona que no esté preparada para algo así puede ser traumático. Se ve que no se le pasó por la cabeza esto a una madre que entró con un niño pequeño, el cual acabó saliéndose a los 10 segundos o así gritando "¡Imposible!". Creo que presenciamos el nacimiento de un trauma de la infancia, pobre niño.

Volvamos al tema principal.


"Buenas. ¿Tiene usted hijos en edad escolar?"


Mis criados emplumados.


Mi consejo si venís aquí es: Traed clínex. Es imposible salir limpio.

lunes, 9 de enero de 2017

Moff animal cafe

¿Recordáis cuando fui a Moff animal world? Pues resulta que tiene dos sucursales más bajo el nombre de Moff animal cafe. Una se encuentra en Tsukuba y la otra, que abrió el mes pasado, en Makuhari -ambas en la prefectura de Chiba-.
Moff animal world nos gustó mucho, así que decidimos visitar también el Moff animal cafe de Makuhari, que está más cerca y el tren hasta allí sale más barato.

Se encuentra en el Aeon Mall de Makuhari-shintoshin, y aunque fuimos entre semana estaba lleno de gente. La entrada para personas de edad mayor a estudiantes de primaria es de 1000 yenes -sin límite de tiempo-, y pagando un extra de 200 yenes hay disponible barra libre de bebidas no alcohólicas.

Entremos pues.

Hay una zona dedicada a pájaros pequeños, una dedicada a animales pequeños -erizos, pollitos, cobayas, etc.-, una dedicada a reptiles, y al fondo del todo la zona de los búhos.

Algunos búhos se encuentran descansando, con un cartelito que lo indica. Puedes pedir que te dejen sujetar uno de los que se encuentran "trabajando", así que cogí al más grande.

Ocultemos mi falta de fotogenia.


Al lado tenemos a la iguana pachona.


Se ve que la tortuga enooorme que había en Moff animal world se ha mudado aquí.


La zona de los pajaritos se encontraba separada por una red que llegaba hasta el techo. Uno de los pajaritos se había salido fuera igualmente, aunque no parecía tener intención de ir a ninguna parte.
Mirad las monadas que se nos posaron en las manos.

La mano de Kazuki a la izquierda y la mía a la derecha. 

Estuvo muy bien, pero una vez más tuvimos que luchar contra las ganas de secuestrar animalitos monos.

Toca volver a casa.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hogoken CAFE

Nuestra siguiente parada en Moff animal world fue el Hogoken CAFE -lo escriben así, con mayúsculas-.
Se trata de una cafetería de perros, pero no es una cafetería de perros normal y corriente. Todos sus residentes de cuatro patas vienen de tiendas de mascotas o criadores que ya no los querían o que no los lograban vender, y además de sitio para pasar un rato rodeado de perros, también sirve de centro de adopción, ya que si le coges cariño a alguno le puedes dar un nuevo hogar -es como un refugio para animales-.

Ésta es la entrada.

Los perros en jaulas o corralitos al parecer aún no se llevan bien con los demás.

No hay que pagar entrada, solo pedir alguna bebida. Tampoco tiene límite de tiempo -mientras no te quieras quedar hasta más tarde de que cierren, claro-.
Vamos a recibir cariño un rato.

Kazuki por fin se quitó el abrigo.

Tienen colgada información sobre todos los perros, como su nombre, fecha de nacimiento, de dónde lo han recogido, si tiene alguna enfermedad o problema físico, información de vacunas, etc.. Algunos de los perros son muy mayores, ciegos, tienen alguna pata dañada, etc., pero eso no les resta adorabilidad en absoluto.

Algunos también tienen notas sobre su personalidad en un post it.

Intentando sacar una foto con una mano mientras le acaricio la cabecita con la otra.


También te puedes traer a tu propio perro -si tienes- para que haga amigos.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Moff animal world

Hace poco Kazuki y yo nos fuimos hasta un pueblo que hay en Chiba llamado Inzai, donde hay un centro comercial llamado BIG HOP -bueno, en realidad es "BIG HOP Garden Mall Inzai"-. La parada de tren más cercana es Inzai-makinohara, por si sentís curiosidad.

Es la única foto en la que logré sacar gente. Parecía un centro comercial fantasma.

El motivo por el que fuimos es porque hay un establecimiento llamado Moff animal world, que es un espacio donde puedes interactuar con animales varios -ya sabéis que a Kazuki y a mí nos gustan los animalitos-, como pájaros, alpacas, reptiles, etc., y además tienen una cafetería refugio de perros llamada Hogoken cafe, pero de esta hablaré en otra entrada.

Moff animal world se encuentra en la segunda planta -equivalente a una primera planta en España-. Vamos adentro, hacia la zona en la que se puede interactuar con los animales.

En Japón es navidad desde el 1 de noviembre. Villancicos por todas partes 2 meses enteros...

La entrada para no miembros es 800 yenes por cabeza, y luego venden tickets de 200 yenes para sobar a los reptiles, ponerte a uno de los búhos grandotes en el brazo, dar de comer al oso hormiguero -bueno, era una hembra-, y otras zonas especiales.

Cerca de la entrada tenemos pajaritos. Parte de ellos no están atados ni nada, simplemente están libremente posados en su palo y si les apetece se posan en tu mano. Por ejemplo, Kazuki acabó en plan Blancanieves con las cotorras ninfa, que eran una monada.

Yo no conseguí que se me posara más de una. Envidia.

Al lado se encuentra Tai chan, la cacatúa blanca. Habla un poquito, y según la explicación que tenía al lado le gusta la gente por este orden: 1º mujeres, 2º hombres, 3º niños. Eso explica por qué cuando se me posó en el brazo luego no se quería separar de mí. Era adorable.

Eso sí, pesa un poquito.

Cada animal a su lado tiene una explicación, como cuánto llega a vivir, su género -si se conoce-, qué le gusta, si es mejor no acercarse mucho porque puede dar picotazos... -aviso, algunos lo hacen, como la cotorra solar que intentó merendarse mi dedo porque prefería quedarse con Kazuki. Mi dedo está bien-.

Siguiendo con el tema de aves, había mogollón de búhos -a estos sí que los tenían atados-.



Y una lechuza.


También había conejos, cobayas, ratoncitos, pollitos... Un poco alejados, por eso de la cadena alimenticia y tal.
Vamos a la zona de la granja, donde había un par de perros, ovejas, una cabra -que se intentó merendar los cordones de mis botas-, alpacas, una tortuga enorme y un ualabí

Extremadamente suavecita.

Hay que tener cuidado de no pisar las boñiguillas.


Decidimos usar los tickets para poder sobar a los reptiles. Pensábamos que un ticket daba para elegir uno, pero resultó que no, que con uno ambos pudimos cogerlos a todos.

El tacto era mucho mejor de lo que esperaba.