
Seguimos caminando por sus calles en dirección a Hase-dera, es decir, el templo Hase.

Pero de nuevo, una distracción salvaje apareció en el camino.

Se trata del museo de cajas de música de Kamakura. Al ver tanta caja de música con canciones no solo clásicas sino también actuales, y también cajas con formas curiosas, fue inevitable estar un rato dándole cuerda a todas -las que se podían tocar-.
Mis favoritas fueron las de Totoro.



¿Conseguiremos salir de allí? ¿Llegaremos a nuestro destino? Próximamente, la continuación.