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domingo, 15 de junio de 2014

Por fín me he hecho el carnet de la biblioteca

Kawaguchi, por eso de ser la segunda ciudad más grande de Saitama, tiene varias bibliotecas municipales. La biblioteca central, que es la que está al lado de la estación llamada Kawaguchi, es la más molona, con dos plantas y todo ventanales.
El caso es que como residente tengo derecho a hacerme carnet de cualquiera de las bibliotecas municipales, claro, y por fín, un día que tenía que pasar una hora por esa zona sin nada que hacer decidí acercarme y hacerme el carnet.

Por si alguna vez os intentáis sacar un carnet de biblioteca en Japón, os voy a contar cómo fue mi experiencia.
En la primera planta -que es la quinta del edificio en el que se encuentra, por cierto- hay varios mostradores. Uno es para pedir libros prestados, otro para devolverlos, otro de información, y uno más -aunque no me fijé qué ponía en el cartel-.
Lo lógico es ir lo primero a información -"allá te informarán"-, así que fui y le dije al hombre que estaba allí que quería hacerme el carnet de la biblioteca. Me preguntó si tenía alguna muestra de identidad con mi dirección escrita, como un carnet de conducir -los españoles que leéis mi blog sabéis que todos tenemos un DNI, pero en Japón no hay documento nacional de identidad para japoneses, aunque sí hay un carnet para extranjeros-. Le pregunté si le valía con mi carnet del seguro médico y me dijo que sí y que se lo enseñara, y me dio un papel para rellenar con mis datos -nombre, fecha de nacimiento, dirección y número de teléfono. Por cierto, la fecha de nacimiento en la mayoría de los sitios te la suelen preguntar no según el calendario gregoriano, sino según el calendario japonés-. Una vez rellenado me dijo que fuera al otro mostrador cuyo nombre no recuerdo, y la mujer que se encontraba allí comprobó con mi carnet que hubiera escrito mis datos bien, y me hizo el de la biblioteca en el momento.
Entonces es cuando te dan los panfletos con las normas de la biblioteca y te las explican. Si no entendéis japonés no os preocupéis, porque también los tienen en inglés -los que entendéis inglés-, según me contó esta amable señora. Lo que no se es si ella habla inglés o no, pero panfletos tienen. Fuera también hay panfletos en inglés explicando cómo hacerse el carnet, por cierto.
También te dan un usuario y una contraseña para poder usar su servicio de internet. Podía pedirla en el momento o en otro día, pero ya que estaba le dije "ahora me viene bien".

Luego tocó explorar la biblioteca. Estaba un poco pillada de tiempo, así que no pude explorar mucho, pero por lo que pude ver tienen libros en idiomas extranjeros también. En español no tienen nada, pero hay chino, coreano e inglés. También me dio tiempo a encontrar la sección de libros -en japonés- sobre leyendas japonesas, que posiblemente sean mis primeras lecturas cuando tenga tiempo de volver a pasarme.

Este es mi carnet. Me dijeron que caduca a los 3 años, pero no pone por ninguna parte la fecha en la que te lo has hecho. Supongo que ya me avisarán cuando esté cerca de caducar.

Ese día apenas había humedad, como podéis ver.

Y ya que estoy, este es el look del día. Era un día caluroso y estaba sudando como una gorrina, pero antes de que me llaméis masoca por llevar una camiseta negra, ese día iba con sombrilla, que se agradece mucho en días que no hay ni una mala sombra por la calle y el sol pica a mala leche.

 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Formas de mantener los hombros calentitos

Hace poco me hicieron un regalo bastante útil. Se trata de una especie de estola para mantener los hombros calentitos.
De por sí cubrírselos ya da calor, pero esta en concreto tiene truco para calentarlos todavía más.

Rosa y con una ovejita. Cómo me conocen.

Es reversible, para quien no le guste el color rosa.

Se puede ver en las fotos que tiene separaciones. Se trata de bolsillos para meter un kairo. No se si lo he mencionado alguna vez en el blog, pero lo explico nuevamente. Se trata de una bolsita que al agitarse se calienta, y se mantiene caliente durante horas. Esto en invierno lo venden por todas partes.

Un paquete de 10 mini kairo. 


Ya lo habréis adivinado, esto se usa para aliviar el dolor muscular de hombros y espalda. Curiosamente, el dolor de hombros es muy común en Japón -y desgraciadamente yo sufro de ello-, y no se por qué en este país corre la creencia popular de que solo los japoneses pueden sufrir de ello. Probad a decirle a un japonés que sufrís de dolor de hombros, muchos de ellos están convencidísimos de que es imposible y empezarán por el "yo creía que eso solo le pasaba a los japoneses", seguirá con el "imposible, los extranjeros no podéis sufrir de ello" y acabará con un "porque en japonés hay palabra para ello -katakori- pero en inglés no", que no les sacará de su convencimiento por mucho que les repitas que no eres anglosajona y que no tiene nada que ver.
No os asustéis, afortunadamente no todos son así.

Por cierto, así es como queda puesto.

  

jueves, 30 de junio de 2011

Verano

El verano ha empezado este año con fuerza, y unidas las altas temperaturas al alto nivel de humedad en el ambiente, estos días se me suele poner mal cuerpo en cuanto me encuentro lejos de un ventilador o de un aire acondicionado -no de los que están en modo Polo Norte, que ya nos conocemos, esas manías de intentar que sea invierno dentro de los edificios...-. Aún así, como ya sobreviví al verano pasado, que fue uno de los más calurosos en la historia de este país, ya voy preparada para lo que me echen, así que no salgo sin mi toalla para secarme el sudor -es necesaria- y mi abanico. Además, hay máquinas de bebidas por todas partes, así que no temo deshidratarme.

Aquí nos teneis a Kazuki y a mi de look veraniego.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El verano no se acaba

La primera vez que vine a Japón, hace unos años ya, fue en agosto, y hacía un calor horrible. Sin embargo, nada que ver con el de este año.
Este verano ha sido el más caluroso que ha tenido Japón en más de 100 años. Desde que se acabó la estación de las lluvias la temperatura se ha mantenido más o menos entre 26 de mínima y 37 de máxima (en Saitama, en Tokyo pegaba un poco menos). Esto comparado con los termómetros de Madrid superando los 40 grados lo mismo no impresiona, pero combinado con una humedad ambiental que suele rozar el 80% jode mucho. Es como si la isla se hubiera convertido en una sauna, más o menos.
Cuando iba por la calle con el pelo siempre recogido y secándome los chorros de sudor constantemente con una toallita recordaba cuando veía Lost, y todos llevaban una marca de sudor constante en la camiseta. Yo creo que la isla de Lost debía estar rondando Japón este año.
A pesar de que el verano madrileño que llevo viviendo muchos años es bastante caluroso, sin tener aire acondicionado en casa nunca había tenido problemas para dormir por el calor. Aquí me he despertado demasiadas veces completamente cubierta en sudor mientras tenía el ventilador encufándome directamente. Pondría el aire acondicionad por la noche, pero quiero cuidar mi salud.

Al llegar septiembre pensaba que se acabaría, y que bajarían las temperaturas un poco, pero curiosamente el día más caluroso del verano cayó esta misma semana.
Lo bueno es que por fín vuelven los tifones -no soy amiga de los tifones, pero cuando viene uno bajan las temperaturas-, y gracias al número 9 llevo dos días durmiendo sin tener que usar el ventilador. De hecho ayer salí con una camiseta de manga corta por primera vez en tres meses más o menos -últimamente voy siempre con tirantes o me agobio-.
Se agradece mucho, pero ya ha vuelto el calor.
Yo aguanto mucho peor el frío que el calor, por lo que siempre había preferido el verano al invierno, pero tras este año ya no tengo estación preferente.

Tenía las camisetas de manga corta ya aburridas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Verano, cuando el infierno se congela

El verano de Japón tiene el peor clima -veraniego, se entiende- que he conocido. La primera vez que estuve en Japón fue en pleno agosto, y me preguntaba por qué todo el mundo llevaba una toalla pequeña encima. Ahora soy yo la que también la lleva. El calor combinado con la elevadísma humedad hace un efecto con el que suelo sudar probablemente 3 veces más del agua que pueda ingerir en un día. Por eso llevar una toallita es útil, así puedes secarte los chorros de sudor que te corran por el cuerpo -desgraciadamente esto es literal-.
En Madrid con 40 grados no sudaba ni la mitad de lo que puedo sudar aquí con 35 grados, claro que el clima de Madrid es seco. Si intento ponerme crema hidratante, mi piel con el exceso de humedad la escupe -no literalmente-. En realidad esto tiene un punto bueno, ya que tengo la piel genial últimamente. He dejado de tener cierto problemilla en la piel, y ya nunca me duele la garganta.

Con este calor horrible, además de las abuelas robocop de las que hablé anteriormente, me he fijado en que muchísima gente lleva manga larga, chaqueta, leggings, medias... La gente que va de traje y corbata, vale, no les queda otra que sufrir, pero la que no... Pues bien, esto también tiene su explicación. No es solo porque se considere fashion o porque aquí se evite ponerse la piel morena como si fuera la lepra. Uno de los motivos principales es el abuso de aire acondicionado.
En la calle hace 35 grados, pero entras al tren y el aire acondicionado está suficientemente fuerte como para producirme un dolor de cabeza. Tal vez hagan 23 grados como mucho dentro.
Volvemos a la calle, ostia de 35 grados en toda la cara. Entro en alguna cafetería y veo gente con chaqueta y tiritando. En un rato yo estoy igual. ¿Cuánto hace dentro, 20 grados?
En la escuela igual. La semana pasada tuve un examen en el que no me pude concentrar porque estaba tiritando de frío durante las 3 horas que duró por la mierda del aire acondicionado.

Yo soy una persona recia y sana, así que aún milagrosamente no me he puesto enferma, pero me queda poco. El aire acondicionado usado de manera moderada me parece bien, pero debido a esto le tengo un odio visceral a los aires acondicionados. Yo en casa lo uso para no morir de deshidratación, pero lo tengo a una temperatura moderada -y por la noche pongo mejor el ventilador, para no ponerme mala-.

Esto no ocurre solo aquí. En cualquier oficina de España tengo la teoría de que ponen el aire acondicionado haciendo apuestas, a ver cuántas bajas consiguen. Nunca he entendido esta manía por pasar frío.


Enviado desde mi lugar fresco en frente del ventilador.

martes, 22 de junio de 2010

Preparada para el verano

A la salida de la estación de Shibuya siempre hay gente repartiendo paquetes de pañuelos de papel o revistas en bolsas. Las revistas que reparten son las gratuitas que puedes coger en cualquier estación, así que no le veo la utilidad.
Sin embargo un día vislumbré a través de la bolsa que una de las revistas no venía sola, sino que traía una buena arma para soportar el verano japonés.

Ahora duermo con esto al lado de la cama, por si necesito un abanicado de emergencia.

Menos mal, porque con este calorazo algo de aire fresquito viene bien. Algo de sombra también.

Miedo me da acercarme al sol otra vez.

jueves, 17 de junio de 2010

La sombrilla

Mientras que en España la gente quiere ponerse morena en verano, en Japón es todo lo contrario. No quieren ni oir hablar de tener la piel aún más oscura. Esto se debe a que los japoneses tienen la piel naturalmente oscura -no exageradamente, pero más que los españoles-, y muchos encuentran más atractiva la piel clara.
Antes de que alguien me diga que en las revistas y tal salen siempre con la piel muy blanquita, eso es:

A.Maquillaje.
B.Photoshop.
C.Ambos.
D.Una persona de piel naturalmente clara, que a todo hay excepciones.

Por eso desde que empezó el calor agobiante de ahora he observado un fenómeno al que llamo "señoras robocop". Por la calle se observan por el día señoras con una visera oscura traslúcida, en plan gafas de sol, tapándole toda la cara, guantes que cubren el brazo entero, por supuesto que pantalones largos, una especie de braga cubriendo el cuello, y sombrilla -lo de robocop es por la visera-.
Todo esto es para no coger color en la piel. Cuando voy por la calle en manga corta dejando un reguero de sudor por la calle me encuentro siempre a esas señoras que parecen no sentir calor ni nada. No se qué es lo que comen para no morir con tanta ropa, pero debe de ser la leche.

Pues bien, curiosamente lo que más me llamaba la atención es la sombrilla. Ahora se ve gente con sombrillas por todas partes. Yo hasta ahora solo he visto mujeres con sombrilla, normalmente de 40 años para arriba, pero se ven más jóvenes a veces también.
Cuando vuelvo a casa de la escuela es mediodía, es decir, cuando el sol pega con más mala leche. En el camino de vuelta no hay ni una sola sombra, así que siempre acabo dando un rodeo por otro camino con sombra.
Hoy sin embargo, me tocaba currar cerca de casa, y ya iba a salir temiendo otra vez los ríos de sudor. Pues bien, miré el paraguas azul marino, y decidí que iba a probar lo de la sombrilla.

Si no hay sombra por el camino, me la llevo a cuestas, hombre.

La verdad es que, quitando que ese paraguas pesa mucho y es incómodo de llevar, se agradece llevar sombra. Eso sí, por todo lo que he andado bajo el sol últimamente, por fín me estoy poniendo morena. Se acabó el blanco fantasma :D