Cada vez que me subo en un -en realidad dos, porque no hay vuelos directos entre España y Japón- avión para hacer este camino tan largo, mi cuerpo se suele quedar destrozadillo unos días. El desfase horario, lo llaman.
Lo bueno es que esta vez la compañía no fue Air China, con la que mis experiencias no suelen ser demasiado positivas, sino que fue British Airways -hasta Londres. Desde allí fue con Iberia-.
La comida del avión. Estaba buena.
Hacía años que no pasaba por Heathrow, así que no sabía que ahora anuncian tardísimo la puerta de embarque. Según me explicaron cuando fui a quejarme porque era la hora de embarcar y aún no se sabía nada, la anuncian 50 minutos antes de la salida del vuelo. En el caso de mi vuelo la anunciaron 30 minutos antes.
Y ya me encuentro en el pueblo de Madrid -cuando digo que soy de Madrid, me refiero a la comunidad autónoma, no a la ciudad- en el que vive mi familia.
