martes, 14 de agosto de 2018

Visitando teamLab Planets

Recientemente estuve con la señorita Madness en teamLab Planets, un museo de arte digital cerca de la estación de Shin-Toyosu. De hecho hay dos museos, el otro está en Odaiba y se llama teamLab Borderless, pero vamos a centrarnos en el que visitamos.

Es bastante popular y las entradas se agotan rápido, así que las reservamos en su web unos días antes. Ahora la entrada normal de adulto cuesta 3200 yenes. Lo especifico para comprobar en el futuro si suben los precios, como con Disneyland.

Este es el sitio:


Cuando te pones a la cola para entrar, te dan una funda de plástico para colgarte del cuello para poder meter el móvil en ella. Esto se debe a que hay varias zonas dentro en las que hay que meterse en agua -literalmente-. Por esto mismo al entrar y tras oir las instrucciones del museo, hay que quitarse los zapatos y los calcetines y dejarlos en una taquilla -afortunadamente son gratis-.


Habiendo dejado nuestros bártulos en la taquilla -menos los móviles, para poder hacer fotos-, entramos al primer pasillo oscuro. Imagino que debe de ser para limpiar los pies de la gente -por eso de que hay que ir descalza todo el rato- lo primero es una cuesta con agua corriendo que proviene de una cascada justo arriba del todo. Desafortunadamente, no tenía pinta de que el agua incluyera jabón.

La cascada.

Cuando pasas a la siguiente sala te dan una toalla para que te seques los pies y puedas seguir adelante.

La siguiente habitación es... um... imaginaos un puf -de los de sentarse-. Ahora imaginaos que todo el suelo y paredes se han convertido en puf. Pues eso.

Este es el motivo por el que es mejor dejar el bolso en la taquilla.

Sigamos por uno de los muchos pasillos con poca iluminación.


La siguiente sala es una especie de laberinto de luces con suelos de espejo.


Volvemos al agua pero esta vez algo más profunda. En la siguiente sala hay peces de luz que nadan a tu alrededor.

Sí, el agua está fría.

Toca volver a secarse los pies -lo que se tienen que gastar en lavar toallas- y seguir con la aventura. Esta vez nos encontramos rodeadas de pelotas gigantes que van cambiando de color, tanto por los lados como por arriba. Era difícil hacer fotos porque las pelotas eran muy grandes -más altas que yo-.

Recordemos que el suelo es espejo.

La última sala es una especie de cúpula oscura con imágenes de flores volando a tu alrededor. Marea muchísimo, así que aguantamos poco allí.

Como es mejor verlo en movimiento que en foto, hice un pequeño vídeo. No uso la música original porque se oye mucha gente hablando de fondo, pero he usado una parecida.


Es muy bonito, la verdad.

domingo, 12 de agosto de 2018

Zozosuit

Zozotown es una página web japonesa en la que muchas marcas de ropa y accesorios venden sus productos, y hace unos meses decidieron producir un traje llamado Zozosuit que te toma medidas, para no llevarte sorpresas con que la ropa no te venga bien al comprarla en su web.
Los primeros meses se ve que se puede pedir gratis -solo cobran unos 200 yenes o así de gastos de envío dentro de Japón- así que dije, pues venga, por qué no, y reservé uno.
Pues justo el otro día volvía a casa y me lo encontré en el buzón -como es con reserva tarda lo suyo en llegar, en mi caso como un mes o así-.

A la izquierda el sobre, y a la derecha el contenido.

Cuando lo pides te preguntan en la web tu peso y altura, y con eso calcula tu talla. La mía al parecer es la 5, pero teniendo en cuenta que la forma de mi cuerpo difiere mucho de la forma de un cuerpo de mujer japonesa -eso explicaría por qué a menudo las estilistas me hacen llevar ropa que me viene pequeña-, no estaba muy segura de que la talla que me eligieron me fuera a venir bien.
Toca probárselo a ver qué tal.

No da calor esto ni nada...

Son mallas, pero como era de esperar, la goma de la cintura me viene tan pequeña que sentía cómo me estrangulaba los órganos internos... De hecho un rato tras quitármelo me dolía el estómago de lo muchísimo que me apretaba. Yo creo que una talla más grande hubiera sido mejor.

Ahora toca usar la app de Zozotown para que te mida. Se supone que hay que poner el móvil en el soporte de cartulina que te envían a modo de trípode, y te va dando instrucciones de dónde ponerte y qué hacer. Como el producto de momento solo envía a Japón y su web es enteramente en japonés, pues las instrucciones son solo en japonés, claro. Afortunadamente, en mi caso eso no supone ningún problema.

 El soporte de cartulina en cuestión.

Se supone que hay que ponerlo sobre una mesa y colocarte a 2 metros de la cámara. En la habitación donde tenemos mesas no hay 2 metros libres, así que aparté el futón del dormitorio e hice un invento con un taburete plegable y un par de cajas hasta que logré altura de mesa -en plan MacGyver. Sí, este comentario evidencia mi edad-.

Una vez todo colocado y yo a lo que supuse que eran unos 2 metros, la app me dijo que me acercara más. Esto lo tuve que repetir 2 veces, y entonces me dijo que me alejara un poco -mientras me moría de calor con las mallas futuristas estas-. Entonces se quejó de que había demasiada luz y que no leía bien las marcas superiores. Apagué uno de los fluorescentes y se volvió a quejar... No podía apagar más, así que me moví un poco por probar y por fin dejó de quejarse y empezó la medición.
Te tienes que mover en el sentido de las agujas del reloj adaptando la posición de cada hora, o sea, que te tienes que ir girando 12 veces hasta completar un círculo, y mientras tanto el móvil te va haciendo fotos.

Para mi frustración, la app se colgó cuando en teoría había acabado de medirme, y tuve que repetir todo desde el principio... Respiraría hondo si me lo permitiera la cintura de las mallas.

Pero, ¡por fin! Logré el resultado y pude quitarme el Zozosuit, que, repito por enésima vez, no veáis si da calor. Este es el modelo 3D de mi cuerpo con medidas -censuradas en parte, que ya es demasiada información-.


Una vez lo crea te da la opción de buscar ropa de tu talla.
Por lo que he comprobado, ha calculado mis medidas más pequeñas de lo que son en realidad -la cintura lo entiendo porque la goma estaba haciendo efecto corset, pero me quitó como 5 cm de pecho y 2 de cadera-, así que intentaré volver a medirme más adelante a ver si va mejor.

domingo, 5 de agosto de 2018

Hanabi en Todabashi 2018

Otro año más llegan los fuegos artificiales de Todabashi, que molan porque puedo ir en bicicleta, conozco un sitio que no se llena excesivamente de gente para verlos y duran bastante -una hora y media-.
Debido a las temperaturas que nos está dejando este año el calentamiento global y a que el jinbei no es precisamente una prenda fresquita, decidí que este año no me lo iba a poner por el bien de mi salud.
Kazuki respiró aliviado cuando le dije que no me lo iba a poner, porque él se libraba también de ponérselo -ya estaba sudando solo de pensarlo-.

El look de este año implicó mis moños masivos, que nunca me quedan parejos, pero la intención es lo que cuenta.

Mona y fresquita.

Llevaba mi vestido de cerezas, que compré no recuerdo si en Alcalá o en Torrejón hace más de 10 años y ahí sigue como nuevo.


Cogimos nuestras bicicletas, y fuimos para allá con comida, bebida y una esterilla de picnic para poner en el césped.

Aposentémonos pues.

La mayor parte de la gente se pone en lo alto de la cuesta que se ve a la derecha, desde donde los fuegos se ven mucho mejor, pero eso implica sentarse en asfalto que lleva recalentándose todo el día, y por mucha esterilla que pongas te fríes. Preferimos nuestro césped.
Este año, además de la bolsa térmica con bebidas, Kazuki decidió hacer yakisoba, para dar más ambiente de matsuri, así que nos trajimos tupper con yakisoba casero.

Imaginadnos felices comiendo yakisoba y bebiendo cubatas en nuestra esterilla.

Pasado un rato por fin empezaron los fuegos artificiales.



También grabé un poco con la cámara de fotos, que tiene mejor calidad que el móvil.

lunes, 30 de julio de 2018

Tienda pop-up de Kirby

El otro día a Kazuki y a mí nos apetecían tortitas, así que fuimos a Merengue, el restaurante hawaiano que hay en el centro comercial Ario, donde hacen unas tortitas ricas ricas y esponjositas -no me pagan por decir esto, aunque aprovecho el momento para decir que si me quieren esponsorar, no me voy a hacer de rogar-.

Por cierto, este fue el look del día. Luciendo piernas y el moreno que cogí en la playa recientemente.

Sí, tengo una camiseta de un intestino delgado con patas.

Primero, dando una vuelta por la planta de abajo, nos encontramos con que había desaparecido Lupicia, una tienda de té que me gusta pero que desafortunadamente no es muy popular -puesto de otro modo, decir que no compraba ni el tato es quedarse corto-. En su lugar parece que han decidido crear un espacio para poner tiendas pop-up, y casualmente la que toca del 21 al 31 de julio es de Kirby -en agosto van a poner una de Boku no Hero Academia, al parecer-.

¡Tachaaan!

Como siempre, es un poco carillo, pero tienen cosas muy monas.


Los vasos me encantan.

Delante de la tienda tenían gachapon de Kirby con un idem dando la bienvenida.


Y al lado de los gachapon había una casita de la que imaginemos que salían ronquiditos.


Los ronquiditos imaginarios provienen de Kirby echándose la siesta con gorrito y todo.

Dan ganas de llevárselo a casa con camita incluida.

Tras ver la tienda ya fuimos a por nuestras tortitas. Estas son las que pedimos, las especiales del mes de mango y açai.

Hay una tercera tortita escondida detrás.

lunes, 23 de julio de 2018

Trabajitos recientes

Recientes de junio, recién salidos del horno como quien dice.

En primer lugar, volví a salir en el programa infantil "Shakiin!". Esta vez enseñaban qué se dice antes de sacar una foto en varios países, así que salgo diciendo "patata". Para quienes no sepáis qué se dice en japonés y sintáis curiosidad, es "はい、チーズ", romanizado como "hai, chiizu" -se podría traducir como "Ok, queso"-.

Sí, muy guapos todos, ahora decid "patata".

El otro que voy a comentar es de un vídeo corporativo de la empresa Maxell. Solo salgo al principio, pero eh, estoy toda elegante de bata blanca.


Por si sentís curiosidad, este es el vídeo:


domingo, 22 de julio de 2018

El día de la anguila

El día 20 de este mismo mes se llenaron los supermercados de anguilas -"unagi" en japonés- como todos los años. Siempre se me olvida el día de las anguilas y siempre me lo encuentro de casualidad, porque no es que sea un tipo de pescado que me apasione -es muy caro, no es que tenga un sabor muy especial, de hecho no sé a qué sabe porque está totalmente cubierto de salsa, y además tiene una burrada de espinitas-. Ahora, si hicieran el día del salmón, pues mira, a eso me apunto.

En el cartel te recuerda que hoy es el día de comer anguila.

Esta costumbre se debe a que, al parecer, este plato ayuda a refrescar el cuerpo en verano. En mi opinión, es una excusa para vender anguilas como cualquier otra.

Por si sentís curiosidad por el precio, hice una foto.

7063 yenes con el IVA incluido.

miércoles, 18 de julio de 2018

Suika bar

Parte de mi ingesta alimenticia últimamente consiste en helados y polos. Muy nutritivo no es, pero no veáis lo que apetece con este clima de horno.
No, esperad, mejor HORNO, así, con mayúsculas, que según Kazuki el verano de este año es el más cauroso que ha experimentado en su vida.

Volvamos a los helados y derivados. Un polo que me gusta mucho y que ahora como a menudo se llama "suika bar" -se pronuncia suika baa en japonés-, y que viene a significar literalmente "barra de sandía". Una barra no parece, pero sí que tiene aspecto de trozo de sandía.


La mascota... pues no es de mis favoritas -aunque la máscara de sandía que lleva es cachonda-, pero dejando eso de lado, abramos el paquete.


Lo rojo es efectivamente polo con sabor a sandía, y lo verde sabe como a lima. Si os preguntáis qué son los puntos negros, son las pepitas de la sandía hechas de chocolate. Es básicamente como el Sandy Pop que no se si se sigue vendiendo en España, pero más grande.

domingo, 15 de julio de 2018

Si no puedes con ellos, ponte en remojo

Con el planeta recalentándose, este julio estamos teniendo por aquí temperaturas propias de agosto mezcladas con una humedad que siento que me van a salir branquias. Por eso mismo y huyendo del horrible calor, la señorita Madness y yo nos fuimos a la playita, a ponernos en remojo hasta convertirnos en garbanzos -¡bieeeeeen!- y refrescarnos.

Playitaaa.

Como siempre, fuimos a la playa de Kamakura. En la zona a la que vamos hay 2 playas, la popular con chiringuitos y que se llena de gente, y la que vamos nosotras, que no hay chiringuitos ni duchas, pero tampoco hay casi gente, lo que es un gran punto a favor -y total, hay un convini al lado con cuarto de baño por si te llama la naturaleza-.

Está por ahí.

Lo primero fue ir a dicho convini a comprar litros y litros de agua -niños y niñas, no olvidéis hidrataros-, y lo segundo fue montar la tienda de campaña para tener sombrita cuando estemos fuera del agua.

Quedó bastante bien.

Imagino que porque es una zona tranquila y con poca gente, una pareja aprovechó para hacerse sus fotos de boda cuando estábamos allí. Tenían que estar muriéndose de calor los pobres, pero seguro que las fotos quedaron bonitas.


Como curiosidad, este año por megafonía estaban pidiendo a los bañistas que se abstuvieran de beber alcohol en la playa o de llevar tatuajes descubiertos. Sí que se ha puesto estricto el tema -aunque era solo el anuncio por megafonía, no había nadie encargado de hacer que se cumpliera-.

Por cierto, por la noche se pone muy bonito también -el sol ahora se pone a eso de las 7 de la tarde-.