sábado, 24 de septiembre de 2016

Cafe Gaene un año después

En esta entrada hablé de una cafetería de perros en Myeongdong llamada Cafe Gaene. Este año decidí repetir plan cumpleañero y ponerme hasta las orejas de pelo de perrín.

Tras asegurar que no llevábamos comida encima -siempre te lo preguntan al entrar-, pagar y pedir nuestra bebida, una croquetita arrugada ejerció su fuerza gravitacional en mí.

"Dame un besito". "No, pesada".

Enseguida se nos acercó Conan, el perro salchicha que no se quería mover de mi regazo el año pasado. Lo malo es que ha engordado bastante -la tripa casi le arrastraba por el suelo al andar, pobrecito-, así que me dolían las piernas al rato de que se hiciera una bolita encima de mí. Si hacías que se levantara para poder estirar las piernas volvía al poco y te ponía ojitos mientras te apoyaba las patitas en los muslos, se las sabe todas.

Usando el brazo de Kazuki de almohada.

Todos los perros seguían tan majetes y adorables como siempre.






jueves, 22 de septiembre de 2016

De nuevo en Seúl

Coincidiendo con mi cumpleaños -suspiro- estuvimos Kazuki y yo de nuevo unos días en Seúl. Volamos con Jeju Air, que sale de la terminal 3, a la que no había ido nunca. Si vais a esa terminal por primera vez, hay autobuses desde la terminal 2 que te llevan, pero se puede ir andando y no se tarda mucho. El camino está marcado para que sea imposible perderse.

Al llegar a Seúl nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado -otra vez- las tarjetas monedero para el tren en casa, y cuando compramos en un convini nos dieron una de Cony y otra de Brown, los personajes de Line -parecen ser muy populares en Corea del Sur-. Confiemos en que no tengamos que comprar una cuarta tarjeta T-money en el futuro...


He decidido que en esta primera entrada del viaje voy a hablar de cosas curiosas que vimos.
Empecemos por este restaurante de extraño nombre que había cerca del hotel.

"Spain pocha bien". Vale...

Entre el nombre y que en el menú sirven pasta... Vale, aceptamos barco.
Siguiendo con sitios cercanos, dando una vuelta por Myeongdong nos encontramos esta tienda de recuerdos con el cartel en japonés.

O-miyage Land.

El cartelito de abajo en negro es bastante cachondo. Para quienes no sepáis japonés, pone "¡¡Si no es barato me puedes dar un puñetazo!!".

Sigamos con el gato anuncio de Dongdaemun. Para que veáis que no es un muñeco sino un gato de verdad, os pongo dos fotos -hasta se me restregó por la pierna cuando fui a hacerle una foto-.

Lo que no sé es qué anuncia exactamente. Mi nivel de coreano no llega a tanto.

Esto lo vimos en varias estaciones de tren. El mensaje me quedó claro.


Por cierto, las mascotas japonesas no solo trabajan en Japón. Aquí tenemos a Kumamon en el metro anunciando turismo en Kyushu.


Para casi acabar, algo que quiero que vendan en Japón. El helado de Twix.

Qué rico estaba.

Y para acabar, los vasos tan monos de la cadena de cafeterías-panaderías Paris baguette, que están por todas partes en seúl.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Museo Edo-Tokyo II

Por supuesto que vimos más cosas cuando fuimos a este museo. La verdad es que fue mucho más interesante de lo que esperaba, recomiendo la visita si pasáis por Tokio -o si como yo vivís por aquí pero no os había dado por ir-.
Tras comprar los tickets nos dirigimos a la 6ª planta, y nada más pasar la entrada se encuentra una réplica a escala real del Nihonbashi -el nombre viene a significar "puente de Japón" en japonés-, puente que se construyó en Tokio hace varios siglos.


A un lado del puente se encuentra la zona Edo -antiguo nombre de la actual Tokio-, y al otro se encuentra la zona Tokio. Esto es lo primero que se ve en la zona Edo.


En esta reproducción de un teatro antiguo al parecer aún representan espectáculos de rakugo de vez en cuando. Eso sí, hay que tener un nivel de japonés muy avanzado para poder entender todo lo que dicen -yo entiendo bastante, pero aún así me pierdo en muchas partes-.

Esto es lo primero que se ve en la zona Tokio.


Te puedes subir a las bicicletas antiguas que tienen delante del edificio. Me subí porque estaba sujeta, pero no se cómo no se mataba la gente antiguamente en ellas.

Esto requiere concentración.

Hay muchos otros elementos con los que puedes interactuar, aunque alguno te puede causar una lesión, como... Eh... No se cómo se llama esto, mejor os pongo una foto -estoy teniendo un día poco elocuente, a veces pasa-.

 Intentar cargárselo al hombro llevando tirantes no es una buena idea.

Hay mucho que ver, así que os enseño solo algunas de las cosas que vimos.






jueves, 15 de septiembre de 2016

Museo Edo-Tokyo

Ryogoku, además de ser el barrio del sumo, cuenta con el museo Edo-Tokyo, al que no había ido nunca. El otro día mirando qué íbamos a hacer Kazuki y yo en nuestro siguiente día libre, Kazuki vio que este museo abría un par de días hasta bastante más tarde de lo normal, y había una exposición temporal interesante con ilustraciones de temática fantasmagórica de Seiu Ito, así que fuimos.

El museo está justo delante de la estación, así que no tiene pérdida.

La espalda de Kazuki en primer plano.

Es ese edificio.

La exposición que comentaba.

La entrada al público general es 600 yenes, así que entramos y compramos nuestras entradas.
La exposición que nos interesaba se encontraba en la 5ª planta.
Se trata de ilustraciones inspiradas en historias de fantasmas conocidas en espectáculos de rakugo y de kabuki, además de yokai -monstruos japoneses-. En varias zonas está prohibido hacer fotos con flash, pero normalmente no lo uso, así que no hubo problema.







Si os pilla por Tokio y os interesa verlo, la exposición está hasta el 25 de septiembre.

domingo, 11 de septiembre de 2016

En barco de Toyosu a Odaiba

Recientemente, en un día muy caluroso, tuve la oportunidad de ir en barco de Toyosu a Odaiba -era por trabajo, así da gusto trabajar-.

El barco salió de este puerto.

Los barcos se ven un poquito.

Zarpemos pues.




La experiencia estuvo bien. Tengo ganas de repetir.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Atardeceres

Me encantan los atardeceres, así que hoy toca subir algunos que he visto últimamente.

Empecemos por un día que me dio por ir andando hasta Akabane, en el norte de Tokio -no está tan lejos, en poco más de una hora se puede llegar-.

Cruzando el puente que pasa sobre el río que separa Saitama de Tokio.

Cuando ya casi había cruzado del todo, al mirar a mi derecha este era el paisaje.

Es otro pequeño río que hay al lado del principal.

Vamos a un día diferente. Venía de un casting, y a menudo me da por darme un paseo después si tengo tiempo. Esta foto la hice cerca de la estación de Tokio.


Como extra, aquí va un amanecer. En verano aquí amanece antes de las 5 de la mañana, y uno de esos días que tenía que levantarme ultra temprano para un rodaje me encontré con esta vista al salir de casa.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El eterno problema de las tallas de zapatos

Las que tengáis los pies grandes como yo sabréis la odisea que puede ser comprar zapatos -y zapatillas- de mujer. Esto en Japón es especialmente frustrante, porque quitando un par de excepciones la mitad de las tiendas solo venden calzado hasta una o 2 tallas menor que la mía y la otra mitad solo tiene 3 tallas llamadas S, M y L. Luego tenemos casos exagerados como la popular WEGO, que solo tiene 2 tallas de zapatos -M y L- y ninguna es la mía. Siempre tienen zapatos que me gustan, lo que hace que me joda más.

A ver, no es que no pueda comprar zapatos, conozco todas las -pocas- tiendas que venden zapatos de talla grande, pero tenía la espinita clavada de esos zapatos tan monos que venden en muchas tiendas de street fashion, en plan tiendas de Harajuku y por el estilo.

El otro día pasando por Takeshita-dori, en Harajuku, unas zapatillas en una tienda llamada WC -pero que no tiene nada que ver con cuartos de baño- llamaron mi atención. Iba a pasar de largo, como siempre, pero tenían un pequeño cartelito diciendo que había hasta talla XL.
La L se veía suficientemente grande, así que me las probé por si acaso, pero no, efectivamente me apretaban un poquito -como siempre-. La dependienta me dijo que si quería probarme la XL y le dije que sí. Entonces ocurrió el milagro. ¡Me venían! -vale, un poquito sueltas, pero nada que no solucione apretarse los cordones un poco más-.

Son tan bonitas.