Llevo hasta pintalabios y todo. Si no me cogen no será por no ir monísima.
A la vuelta, de camino a Azabujuuban porque me pillaba mejor para volver, me encontré con esta escena adorable. Un señor mayor y su carlino vestidos a juego -me encantan los carlinos, son tan monos y arrugaditos-.
La verdad es que en Japón lo raro es ver perros sin ropa. Yo ya me he acostumbrado de verlo a diario.
Ya casi en la estación apareció otro animal, pero esta vez no era un perro sino una rana -bueno, dos-.
Croac.
Croac croac.
En el cartel de detrás explica el por qué de las dos ranas. Al parecer según cuenta una leyenda antigua -así explicado por encima- una rana ayudó a apagar un incendio saliendo de su estanque y escupiendo agua en el fuego, y por eso se le venera.




