Desde la estación de Nikko se puede ir andando -pero es todo cuesta arriba y no os lo recomiendo-, o en autobús. Nosotros optamos por lo segundo.
Una vez llegamos a la parada más cercana, vimos el puente Shinkyo. Como curiosidad, si queréis cruzarlo hay que pagar -el caso es sacar dinero a los turistas-, pero desde el puente de al lado se le podían hacer fotos muy majas sin soltar un yen.
Y después de eso vimos la primera escalera de muchas -no, muchísimas, además de muchas cuestas- para llegar a nuestro siguiente destino. Lo habéis adivinado, volvemos a estar subiendo una montaña.
Para visitar los templos tenéis dos opciones, pagar la entrada de cada uno por separado, o comprar el "bono-templo" -bueno, ese es el mote que le puse-, que renta bastante más.
Empezamos por Rinnoji, que se compone de varios templos.
Seguimos por Toshogu.
Una de las pocas fotos en las que no se me nota que estaba empapada en sudor.
Y luego tocó Futarasan.
Y para acabar, os dejo con otro de los templos del conjunto Rinnoji. Ya no sabíamos a qué altura nos encontrábamos, pero había más escaleras.
Es una visita que vale muchísimo la pena, pero no os la recomiendo si estáis poco acostumbrados a usar las piernas.
¡Y eso es todo!























































