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sábado, 19 de enero de 2019

Primera entrada del 2019

Como he pasado el final del 2018 y el inicio del 2019 enferma, y cuando empezaba a recuperarme voy y me resfrío por primera vez en más de un año -no me resfrié ni una sola vez en 2018. Creo que es el primer año de mi vida que los virus no logran atacarme lo suficiente-, no he tenido mucho que contar.
Pues hoy toca la primera entrada del año, en la que toca un brevísimo resumen de estas últimas semanas -saltándome bastantes cosas porque apenas he hecho fotos estos días-.

Empecemos con la Nochevieja. Todos los años Kazuki prepara una gran cena y yo preparo una tarta de postre, pero este año apenas podía comer. Aún así hice tarta igualmente, siguiendo una receta que por mucho que tu sistema digestivo esté intentando matarte es bastante fácil de comer. Se trata de tarta de queso, yogur y frambuesa. No es que tuviera un aspecto muy profesional, pero estaba rica rica. A Kazuki le encantó.

Kazuki haciendo de porta-tartas.

A primeros de año, con poca energía, tenía pensado ir al súper con la bicicleta, para no tener que llevar peso a pulso, y me encontré con las 2 ruedas de la bici totalmente deshinchadas. Esto me olió a vandalismo, pues 4 días antes había ido al rocódromo en bici y las ruedas estaban perfectas a la vuelta.
Mis sospechas fueron confirmadas unos días después cuando apareció un cartel en la entrada de mi edificio indicando que alguien se había quejado de que le habían pinchado las ruedas de la bici -no solo fue la mía-, y que avisáramos si veíamos al o la responsable y tal.
Eso me llevó a mi primera visita del año al sitio de reparación de bicis más cercano para arreglar las ruedas, donde me confirmaron que eso me lo habían hecho, porque el pinchazo estaba en los laterales. Ni puta gracia.

Con la bici ya bien, pude hacer mi primera visita del año al rocódromo. ¡Bieeen!

La mascarilla se agradece cuando el aire está muy seco y te duele la garganta.

Espero que hayáis empezado el año mejor que yo.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Protegiendo mi integridad física con creatividad

Ya he comentado lo de mi afición al bouldering. El problema es que acabas con cicatrices y moratones por todas partes, y aunque los moratones se van, las cicatrices no, y a servidora hasta la más diminuta herida le deja marca.

Como una de las cosas a las que me dedico es a actuar, y en los castings lo de tener las manos y los brazos hechos una pena es contraproducente, fui pensando en ideas para, ya que el golpearse es inevitable, al menos evitar que se me queden marcas.
Lo que estuve haciendo una temporada fue ponerme varias tiritas en el dorso de la mano, lo cual es efectivo durante un rato, pero con el sudor se te empiezan a despegar. Luego se me ocurrió probar con tiritas de las grandes, pero les pasa lo mismo y son más caras.

Por eso al final, tras buscar online algún producto para mi problema y no encontrar nada, decidí hacer algo yo misma para protegerme la piel, y acabé haciendo estos protectores para las manos.

Este es el de la mano izquierda antes de llenarse de tiza.

Primero me hice uno para la mano izquierda nada más, que es la que me golpeo más a menudo, para ver qué tal. Lo llevo usando meses y protege bastante sin estorbar, así que me hice otro para la mano derecha también.


A ver, no los he hecho súper bonitos porque son para usarlos yo nada más y para que se ensucien, pero estoy bastante satisfecha con el resultado.

Para los brazos, por si sentís curiosidad, uso calentadores de estos que llevan las japonesas para no ponerse morenas. Dan calor -solo los uso en verano, en invierno me pongo una camiseta de manga larga- pero me han salvado la piel de los brazos en multitud de ocasiones.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Convirtiéndome en Spider Woman

He mencionado ya varias veces que me aficioné al bouldering recientemente. Normalmente escalo en el gimnasio de escalada más cercano a mi casa. Es pequeñito y entre semana solo abren por la tarde, pero es relativamente barato y suelen cambiar los problemas a menudo, así que no me aburro.
De momento no es que tenga mucho nivel -se me dan mal todos los deportes existidos y por existir-, pero poco a poco voy pudiendo escalar cosas más difíciles.

Servidora a lo Spider Woman.

Como solo he escalado en Japón no sé exactamente cómo va el tema en otros países -aparte de lo que leo en foros y páginas web, claro-, pero he decidido que, por si sentís curiosidad de cómo va el tema del bouldering en Japón, voy a hablar de algunas peculiaridades del mismo.

Japón tiene su propio sistema de gradación de problemas. Se trata del sistema Dankyû. Con este sistema, por ejemplo en el gimnasio al que voy el nivel más fácil es 8 kyû, y sube de dificultad a 7 kyû, 6 kyû, etc. Una vez llega a Dan -más difícil que 1 kyû- el nivel va subiendo por 1 dan, 2 dan, etc.

Muchos gimnasios son más baratos por la noche -el mío no porque abre a las 5 de la tarde-. Algunos además tienen un día en el que las mujeres pagan menos llamado el "ladies day" -como los cines-.

Por lo demás no creo que sea muy diferente del resto del mundo. Yo seguiré intentando ponerme más fuerte y criando cada vez más callos en las manos -las tengo que parece que trabaje en una mina, señores y señoras-.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Haciendo mi propia bolsa de tiza

Cuando empecé a hacer bouldering este año no pensé que me engancharía y que a día de hoy seguiría.
Pensé en adquirir una bolsa de tiza -que a la larga pagar por tiza cada vez que voy a escalar no renta-, pero viendo los precios que tienen, decidí mejor intentar hacer una. Me puse manos a la obra, y ya la llevo usando meses.

Esta es mi obra maestra, hecha con tela vaquera por fuera para que se mantenga de pie y con fieltro por dentro -lo corté de una manta de fieltro que no usaba, no es del de manualidades- para que la tiza se adhiera.



Este es el aspecto que tiene hoy en día, tras unos meses de uso.


Para usar indoor está bastante bien y me está durando de momento.