Todos los años suelo hablar de los fuegos artificiales de Todabashi, que suelo ver desde un sitio más bien cercano a mi casa. Este sitio, el resto del año, es bastante tranquilo e ideal para dar un paseo cuando estás estresada y/o necesitas relajarte un rato.
A finales del mes pasado necesitaba un poco de paz y tranquilidad, así que me di un paseo por allí.
Día de nubes y claros.
A la derecha está el río. Me metí por un caminito que te llevaba hasta justo la orilla, y estuve por ahí de relajación y escuchar el canto de los pajaritos y ver cangrejos y luego me volví. A la vuelta me percaté del cartel de prohibido la entrada...
Ejem...
Un fallo lo tiene cualquiera. Siempre puedo fingir que no sé leer japonés, no pasa nada.
Por supuesto, hicimos turisteo. Hay varias zonas turísticas en Bangkok que se encuentran cerca, pero separadas por el río Chao Phraya, que mencionaba en la entrada anterior. Como para poder visitarlas todas necesitábamos movernos en barco varias veces pillamos un One Day River Pass, que como su nombre indica es un abono para el barco-bús de un día.
Afortunadamente ninguno de los dos nos mareamos en barco.
No es un efecto de iluminación. El agua ES de ese color.
Tras el trauma de que me salpicara el agua esa tan limpia y cambiarme de sitio en el barco-bús, llegamos a uno de nuestros destinos, el templo budista Wat Pho, conocido por el famoso Buda reclinado.
Como sabía de antemano que son muy puritanos y te obligan a taparte el cuerpo a pesar del calorazo si quieres entrar al recinto de la estatua de Buda -religiones, siempre dando por saco- iba con una chaquetilla preparada. Por si sentís curiosidad, este es el tipo de ropa con la que no dejan entrar.
Para los que no vayáis preparados, alquilan una especie de batas para taparse.
Veamos qué hay en Wat Pho.
Es muy grande, pero Kazuki logró sacarlo casi entero.
Volvamos a la zona exterior, sin restricciones.
Otro sitio chulo para ver al que fuimos fue el templo Wat Arun, pero como ya van muchas fotos en esta entrada lo dejo para la siguiente.
Uno de los sitios que visitamos fue Asiatique The Riverfront. Se trata de una zona comercial nocturna de construcción reciente pegada a la orilla del río Chao Phraya -por algún motivo el nombre me hace gracia-.
Para dirigirse allí hay barcos gratuitos cerquita de la estación Saphan Taksin, así que cogimos el tren hasta allí. Es curioso cómo los vagones van completamente forrados en publicidad.
Nos subimos al barco y llegamos.
Este es el aspecto que tiene la zona.
Por curiosidad probé la leche de coco servida en un coco -es literalmente un coco cortado por un lado y con una pajita-. Kazuki grabó mi reacción en vídeo, pero he decidido que no la voy a subir porque se me ve muy pero que muy sudada. Por cierto, esa fue más o menos mi reacción:
*Da un sorbo*
-No está mal... *Cambia la expresión facial*
-Sí que está mal... mal... está malo... eh... tampoco está tan malo... *Da otro sorbo* *Cara confusa*
-Tiene un sabor así como raro...
Al final decidí que no me gusta el regustillo horrible que te deja unos segundos después de dar un sorbo.
La ribera del Arakawa tiene un camino para bicicletas, y siguiéndolo se puede ir no solo a otras ciudades de Saitama -si partís desde algún punto de Saitama como yo-, sino a Tokio también, que está cerca.
Un día soleado de noviembre que Kazuki yo teníamos libre decidimos ir a algún lugar algo retirado en bicicleta siguiendo el camino del Arakawa.
¡A pedalear!
Aunque vivo cerca del río, están haciendo obras en varios puntos, así que tuvimos que ir un rato por la carretera antes de poder subir al camino en sí.
Pedaleando, pedaleando, llegamos al estadio de carreras de barcos de Toda. Para no variar, estaba lleno de abueletes haciendo apuestas.
Seguimos el camino, y tras cruzar un túnel llegamos a una zona en la que no había rampa para volver a subir al camino, así que tocó cargar con las bicis a cuestas y subir por unas escaleras. Cuando Kazuki estaba arriba empezó a gritarme:
-¡Sube deprisa! ¡Tienes que ver esto! ¡Hay una gallina salvaje!
Yo pensaba que sería una gallina en alguna especie de corral o algo así, pero no lo era. Era una gallina suelta campando a sus anchas por la hierba.
Decidí que si no tenía nombre, se iba a llamar Segismunda. Segis para los amigos.
Dejamos a Segis seguir con lo suyo, y nos dirigimos al puente que cruza el río, y que nos condujo a Tokio.
Lo más lejos que llegamos antes de decidir volver fue cerca de la estación Shimurasakaue. En total, entre ida y vuelta -y que nos desviamos cuando volvíamos para ir al súpermercado de mi ex barrio- hicimos cerca de 25 kilómetros ese día.
Para los que penséis que son muchos kilómetros de ida, realmente se puede ir a Tokio dando mucho menos rodeo y tardando la mitad, dependiendo del camino que se siga.
Y como bonus, he preparado un vídeo con parte del viaje en bicicleta. Los subtítulos se veían claramente en el programa de edición de vídeo que usé, pero al crear el vídeo en sí perdió bastante calidad. De todas formas, es la primera vez que uso ese programa. Ya me saldrán mejor los vídeos en el futuro, espero.
Lo del temblor es normal. Intentad grabar un vídeo mientras montáis en bici y lo sabréis.
Aunque el Arakawa es un río más bien largo, en parte de su recorrido se encuentra separando Tokio de Saitama. En mi antiguo barrio me pillaba un poco lejos del río, aunque no a más de 30 minutos andando. En cambio, en mi actual barrio me pilla bastante más cerca.
Y aparte de separar parte de Tokio de Saitama, ¿qué más tiene de especial? Resulta que es un buen sitio para hacer ejercicio. Cuando subes la cuesta que separa la ciudad de Toda y su vecina Kawaguchi del río, arriba de esa cuesta se encuentra un camino para ir en bicicleta.
Para no perder la forma, Kazuki y yo decidimos ir a pedalear por el camino que he mencionado. Hacía mucho calor y estaba nublado, pero eso no nos detuvo.
Una vez te encuentras sobre la cuesta, se puede ver Tokio al fondo.
También hay gente que aprovecha para dar un paseo, pasear al perro o correr.
Por ese puente pasa una de las líneas de tren que comunican Saitama y Tokio.
Me quedan ya pocos atardeceres que ver en este barrio, ya que me mudo a finales de mes. Por eso, tengo que aprovechar para ver todos los que pueda en esta parte de Toda.
Venía de casa hoy por fín tras un fín de semana de locura de arubaito tras arubaito -ha sido a modo de excepción, normalmente le tengo más estima a mi salud física-, y como siempre iba mirando al río a ver si veía carpas koi o tortugas. Le he puesto nombre a casi todas las tortugas del río, porque son monas y así es como si fueran mis mascotas las que se alimentan y sacan a pasear ellas solas. Algunas son grandes, y otras son enormes. Ayer la que estaba camuflada entre las piedras, tras mucho tiempo desaparecida -ya temía por ella-, es Shoku chan. Esa tortuga es de las enormes.
¿La veis?
¿Y ahora?
En la foto no se aprecia mucho cuál puede ser el tamaño real, pero vamos, que es grandota y entrañable.