Aunque con el calor del verano no apetece mucho hacer ciclismo, hay que aprovechar cuando está nublado y corre viento. Un día de esos aproveché para dar un paseito sobre ruedas por el río Ara.
¡Vamos pues!
El día estaba un poquito negro nada más.
Aunque no saqué fotos de ello, se ve que bastante gente tuvo ideas parecidas a la mía ese día, así que aparte de haber otra gente en bicicleta, otros corriendo y otros paseando al perro, había un grupo bastante grande de chavales practicando a montar en monociclo.
Es curioso la de japoneses que saben montar en ese cacharro, yo con una sola rueda me mataría.
Recientemente a Kazuki se le pinchó una rueda de la bici, y aprovechando un día que él curraba y yo no fui a arreglarla, que yo tengo más tiempo libre que él.
Miradla, tan desinfladita la pobre.
Debido al gran porcentaje de ciclistas en Japón, hay tiendas de bicicletas por todas partes, así que si se te pincha una rueda solo tienes que andar un poco hasta tu tienda más cercana para arreglarla. Por supuesto, como la bici no rueda así la fui empujando.
Hacía bastante calor.
Tras andar unos 10 minutillos bajo el sol llegué a mi destino.
Vale, esta no es la tienda de bicicletas más cercana a mi casa, pero está en un centro comercial y así puedo esperar en un sitio con aire acondicionado mientras la arreglan.
Uno de los empleados, al que expliqué que había pinchado la rueda -y me dijo tras tocarla "pues sí, parece que ha pinchado". Ya, hijo, eso te acabo de decir- me contó lo que costaría si era un pinchazo normal y si había algo especial, como alguna rotura de la válvula del aire, por ejemplo, que costaría más y si estaba de acuerdo. Lo estaba, así que me dijo que si me corría prisa en 40 minutos la tenía, y decidí que sí, que rápido se agradece.
Volví a los 40 minutos, y ahí estaba ya arreglada y lista para rodar. Era un pinchazo normal, por lo que ahí cobran unos 840 yenes. Pagué y me fui pedaleando.
Estábamos Kazuki y yo haciendo un día de ciclismo aprovechando que no hacía demasiado frío, y aunque muchos de los cerezos que nos fuimos cruzando por el camino todavía siguen pelados, vimos que algunos ya han empezado a florecer.
Llevaríamos unos 12 kilómetros cuando nos cruzamos con este.
Este nos lo encontramos unos 10 u 11 kilómetros después.
Tengo ganas de verlos ya totalmente florecidos, que los parquecitos aún llenos de árboles pelados se ven un poco tristes. Por cierto, hicimos un alto en el camino de nuestra ruta ciclista saitameña en un sitio con un riachuelo y bancos bastante majete.
La especie de caseta al fondo es donde están los bancos.
Tras descansar un ratillo seguimos ese camino todo recto, y la verdad es que era bastante bonito.
El río Han cruza Seúl, y aparte de ser bonito de ver, en su ribera hay varios modos de entretenerse. Por ejemplo, ir a uno de los múltiples parques que hay para hacer un picnic -aunque por lo que ví la gente ponía su tienda de campaña en el césped y encargaba pizza para que se la trajeran al parque mayormente. Aceptamos barco-.
Lo de las tiendas de campaña también lo he visto mucho en piscinas japonesas, por ejemplo. Imagino que es por la obsesión asiática de tener la piel de color blanco nuclear -en mi caso, aunque lo intentara soy del tipo de ponerse morena tras estar diez minutos bajo el sol con protector solar de factor 50-.
A lo largo del río hay carriles bici, y varios lugares donde se pueden alquilar bicicletas, así que como ciclistas habituales decidimos disfrutar del río Han de ese modo.
Para ello hay que buscar una caseta con este aspecto.
Se pueden alquilar bicicletas normales o tándems. En el caso de las primeras, eran 3000 won la hora y 500 won cada 15 minutos adicionales. En el caso de las segundas, 6000 won la hora y 1000 won cada 15 minutos extras. En la ventanilla dices qué tipo quieres y cuánto tiempo, y te harán dejar algún tipo de identificación que te devuelven cuando vuelvas a devolver la bicicleta o tándem, por ejemplo, el pasaporte.
Elegimos bicicletas normales y cogimos una cada uno. La verdad es que sonaban como si se fueran a caer a cachos de un momento a otro, pero aún así hicimos buen uso de las piernas.
Afortunadamente, nos hizo buen clima ese día.
Juguemos a "encuentra a Cal" en la foto.
Además de las bonitas vistas del río nos encontramos con este curioso ser.
¿Es un pájaro? ¿Es un avión?
¿Es un....? ¡AAAAH!
Nuestro dominio del coreano no dio para entender lo que decía el cartelito de al lado, pero aún así aprovechamos para hacernos unas fotos con ello, porque molaba.
En una de nuestras rutas en bici, intentamos ir a cierta ciudad de Saitama, pero luego cambiamos de camino y acabamos en el norte de Tokio.
La verdad es que no me gusta demasiado hacer ciclismo por esa zona, porque parece que está diseñada por alguien que odia a los ciclistas. Intentad dar una vuelta pedaleando por el distrito de Itabashi y tras 3 o 4 puentes y/o cuestas entenderéis de qué hablo.
Eso sí, no todo es malo. También encontramos algunas cosas interesantes. Por ejemplo, esta estación con un nombre que a los que entendáis japonés os hará gracia -he notado que últimamente bastantes de las visitas a este blog vienen de Japón, por cierto-.
何になるんだろう?
Ese día subimos muchas cuestas, pero cuando finalmente encontramos un camino largo que era toooooodo cuesta abajo, tras el subidón de bajar a toda velocidad nos encontramos con un curioso parque. Curioso porque... ¡Hay un triceratops suelto!
Pero no os preocupéis, porque logré domarlo.
Tampoco es que fuera muy grande.
A la vuelta, a pesar de que estaba nublado pudimos disfrutar de los últimos rayos de sol del día.
En la anterior entrada podéis ver el vídeo de ciclismo por la zona apueblada de Kawaguchi -veo que apenas tiene visitas, así que os animo a ver aunque sea un par de minutillos, leñe-. Hoy tocan algunas fotillos también.
Este es mi look del día.
Me encanta esta camiseta.
Por el camino nos encontramos un templo llamado Mizu-jinja, que se podría traducir como el templo del agua. Era muy pequeñito, pero curioso de ver.
Un poco más adelante encontramos un baño público con unos bancos para descansar también. Lo único es que estaban ocupados por un gato lugareño.
A veces creo que hay más gatos japoneses que humanos japoneses.
Al estar en Saitama la mascota de la prefectura, Kobaton, se encontraba en varios carteles por el camino avisando de cosas varias, como en el siguiente, en el que pone que por ahí también pasan tractores.
Por cosas como esta vivo en la zona de civilización en vez de en la apueblada.
Como ya he comentado anteriormente, Kawaguchi es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Saitama. Debido a ello, dependiendo de en qué zona te encuentres el paisaje cambia totalmente. En la zona céntrica hay edificios altos y muchas tiendas, pero según se va hacia la zona Este pasamos de casas pequeñas a todo verde y campos de cultivo. Eso es lo que yo llamo "el Kawaguchi rural", o la zona apueblada, vamos.
Hace unos días, en una de nuestras rutas ciclistas decidimos ir en esa dirección, por probar, y he hecho un vídeo con fragmentos del recorrido. Los que hayáis visto mi anterior vídeo de Ciclismo por el Arakawa ya sabréis que voy con la cámara en una mano y el manillar de la bici en la otra, lo que unido a que me tiembla el pulso resulta en un vídeo con bastante meneo.
Por el camino nos encontramos con algo llamado "Midori no herushii roodo" -japanización de "Midori no healthy road", que se podría traducir como "el camino verde y sano" o algo así-. Es un camino para bicicletas que tiene 56,6 kilómetros, y que pasa por varias poblaciones de Saitama.
Como no estamos lo suficientemente en forma, ese día hicimos un total de 27 km nada más -aunque la parte del camino verde fue algo menos de la mitad de esos km-. Digo nada más, pero un poco de agujetillas sí que me dieron al día siguiente, que había cuestas y me llevo muy mal con ellas.
El vídeo es un poco largo, pero pensad que estáis disfrutando de turismo sin moveros de la silla.
Este año como lugar para hacer hanami decidimos ir a un parque que hay en Nakaurawa al que habíamos ido antes en una época diferente del año, y tenía pinta de ir a estar bonito cuando florecieran los cerezos. Se trata de Kenritsu Besshonuma Kouen.
Desde casa son unos 9 kilómetros la ida, así que como se encuentra dentro de lo que Kazuki y yo consideramos una distancia razonable para ir en bici, cogimos nuestras respectivas y nos aventuramos hacia allí.
Cuando casi habíamos llegado, nos encontramos con un camino bastante largo, con mogollón de cerezos a ambos lados, todos en flor. Según nos explica en el siguiente cartel Nu, la mascota de la ciudad de Saitama -Nakaurawa es una zona de la ciudad de Saitama-, es el camino para pasear de flores y vegetación.
Al final del camino encontramos nuestro destino. Así de florido y concurrido se encontraba.
Nos aposentamos en un banco y sacamos la bolsa térmica del todo a 100 para que la comida llegara bien y la bebida fresquita. Aparte de alcohol -que es lo más típico del hanami-, hice un par de empanadas gallegas tamaño individual y pan, para comer junto con lo que sobró del relleno.
También llevamos una bolsa de patatas fritas, pero olvidé incluirla en la foto.
Como se nos caían miguitas de la empanada gallega, antes de darnos cuenta estábamos rodeados de palomas.
Foto de después de que una niña pequeña nos espantara varias.
Por cierto, aprovecho para compartir el look del dia. Comodidad para pedalear.
Y como esto es una entrada sobre hanami, aquí tenéis más flores.
Como anécdota del día, cuando habíamos acabado de comer y estábamos sentados bebiendo, noté que una señora se dirigía en línea recta hacia nosotros. Una vez llegó se paró delante de mí, y empezó a hablarme en "inglés" mientras chasqueaba la lengua entre frase y frase y me miraba nerviosamente. Estaba claro que era la típica situación de persona que me toma por "occidental = oportunidad para practicar inglés", pero esta señora daba un poco de miedo, así que decidí fingir que no entendía ni inglés ni japonés por si acaso, y responderle solo en español. Kazuki me ayudó fingiendo ser extranjero, y diciéndole que "no English", pero la señora se quedó mucho rato parada delante de mí mirándome fijamente mientras me decía frases aleatorias -como: "¿Eres francesa?" "¿Eres alemana?" "¿Eres rusa?"- y chasqueaba la lengua.
Al final se rindió y se fue.
Aprovechando que un día el clima decidió darnos un descanso de tanto frío, Kazuki y yo hicimos un día de ciclismo. Cuando estábamos pasando por Urawa, un templo llamó mucho mi atención, e insistí en que paráramos a verlo.
Se trata de Tsuki Jinja -el templo Tsuki-, un templo shintoista dedicado a la diosa Amaterasu, su hermano Susanoo, y la diosa Toyouke-bime (esta vez lo he investigado).
¿Qué tiene de especial este templo? Lo primero que llama la atención son sus animales guardianes. Lo normal es ver koma-inu (son animales mitológicos con aspecto de híbrido entre perro y león), pero este templo shintoista tiene koma-usagi, es decir, conejos protectores.
Son adorables.
Nos adentramos un poco más, y llegamos a la típica fuente con cazos para lavarse las manos -y beber-. El caso es que había visto caños normales o estatuas de dragones, hasta ahora, pero aquí de lejos tenía una forma muy redondita como para ser un dragón.
La ribera del Arakawa tiene un camino para bicicletas, y siguiéndolo se puede ir no solo a otras ciudades de Saitama -si partís desde algún punto de Saitama como yo-, sino a Tokio también, que está cerca.
Un día soleado de noviembre que Kazuki yo teníamos libre decidimos ir a algún lugar algo retirado en bicicleta siguiendo el camino del Arakawa.
¡A pedalear!
Aunque vivo cerca del río, están haciendo obras en varios puntos, así que tuvimos que ir un rato por la carretera antes de poder subir al camino en sí.
Pedaleando, pedaleando, llegamos al estadio de carreras de barcos de Toda. Para no variar, estaba lleno de abueletes haciendo apuestas.
Seguimos el camino, y tras cruzar un túnel llegamos a una zona en la que no había rampa para volver a subir al camino, así que tocó cargar con las bicis a cuestas y subir por unas escaleras. Cuando Kazuki estaba arriba empezó a gritarme:
-¡Sube deprisa! ¡Tienes que ver esto! ¡Hay una gallina salvaje!
Yo pensaba que sería una gallina en alguna especie de corral o algo así, pero no lo era. Era una gallina suelta campando a sus anchas por la hierba.
Decidí que si no tenía nombre, se iba a llamar Segismunda. Segis para los amigos.
Dejamos a Segis seguir con lo suyo, y nos dirigimos al puente que cruza el río, y que nos condujo a Tokio.
Lo más lejos que llegamos antes de decidir volver fue cerca de la estación Shimurasakaue. En total, entre ida y vuelta -y que nos desviamos cuando volvíamos para ir al súpermercado de mi ex barrio- hicimos cerca de 25 kilómetros ese día.
Para los que penséis que son muchos kilómetros de ida, realmente se puede ir a Tokio dando mucho menos rodeo y tardando la mitad, dependiendo del camino que se siga.
Y como bonus, he preparado un vídeo con parte del viaje en bicicleta. Los subtítulos se veían claramente en el programa de edición de vídeo que usé, pero al crear el vídeo en sí perdió bastante calidad. De todas formas, es la primera vez que uso ese programa. Ya me saldrán mejor los vídeos en el futuro, espero.
Lo del temblor es normal. Intentad grabar un vídeo mientras montáis en bici y lo sabréis.