lunes, 21 de diciembre de 2015

El reembolso

El sábado llegué a casa para encontrarme un aviso de que habían venido de correos cuando no estábamos ni Kazuki ni yo. El remitente era Yuucho Ginko, que es el banco de correos en Japón, con los que tengo una cuenta bancaria, pero no estaba esperando ningún tipo de envío de ellos, así que me dejó intrigada.
Llamé al número del aviso para que volvieran a pasar a traer la carta, y a eso de las 8 de la tarde -pedí que pasaran entre las 7 y las 9- apareció el cartero.

Los repartidores del barrio de empresas de mensajerías privadas, como Kuroneko Yamato y Sagawa ya se conocen mi cara, y nunca les veo especialmente en shock cuando les abro la puerta con mi cara de occidental 100% -vivo ahí, así que muy turista no puedo ser-. De hecho creo que desde el principio ha sido así. En cambio el repartidor de la oficina de correos parece que no venía tan preparado.
Cuando abrí la puerta, para confirmar que el nombre era el mío, lo leyó con una especie de acento anglosajón raro -existe la creencia general en Japón de que todos los occidentales somos estadounidenses, incluso con un nombre tan español como el mío, qué le vamos a hacer-, y aunque con su pronunciación no sonaba demasiado a mi nombre, vi que estaba escrito correctamente en la carta, así que le dije que sí, que era correcto. Entonces me dijo ya en japonés normal que le firmara en el resguardo, y como había dos huecos y señaló justo entre ellos, le pregunté que si firmaba arriba o abajo en japonés. Su respuesta me obligó a aguantarme la risa:

-Anyway 大丈夫です。 (se traduciría como "anyway vale")

Muy bien, majo. Muy bien.

El cartero se fue y yo me dispuse a abrir la carta. Para mi enoooorme sorpresa, este era el contenido:


Se trata de un talón de reembolso del coste de enviar mi voto para las elecciones por correo certificado. El caso es que cuando voté en las pasadas elecciones autonómicas, envié mi voto por correo certificado con el resguardo que te envían para que luego te reembolsen el coste de enviarlo, pero nunca llegué a ver un yen. Por eso esta vez me ha pillado totalmente por sorpresa.

Por eso hoy mismo fui a la oficina de correos de mi barrio a cobrarlo. Tuve que volverme a mi casa porque se me había olvidado el hanko y sin firmar con hanko no podía recibir el dinero -menos mal que tengo uno-, pero afortunadamente vivo a 2 minutos de allí, así que volví con mi carta sellada con mi hanko, y recibí los 520 yens que costó enviar mi voto por correo certificado.


Me tomaré algo para celebrarlo.

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